
Godsfield se levantó temprano esa mañana, tenía mucho trabajo por hacer y carecía del tiempo necesario. Se unió a sus compañeros de trabajo y se dirigió a la vieja fábrica.
Luego de dos horas de trabajo tomó su primer descanso, estaba realmente agotado, había dormido
muy poco, y no se sentía del todo bien. Había estado sumamente enfermo hace unos días, y su fuerza era muy poca. Era una de esas extrañas gripes o virus que llegaban en invierno
y atacaban a todos. Aunque su malestar fue reemplazado rápidamente por felicidad al ver al otro lado, en la zona donde trabajaban las mujeres, a Ellen.
Se conocieron hace al rededor de dos años. La impresión que ella tuvo en un principio fue de desagrado, él era demasiado serio, y no le inspiraba confianza. Pero luego con el tiempo se fueron conociendo y al cabo de seis meses formaron un amistad sólida y confiable.
Solían verse a la salida de la fábrica algunos días, y caminaban por las calles de Londres mientras conversaban y reían. Algunas veces también lloraban, por problemas, anécdotas, o simplemente de felicidad.
Eran grandes amigos, si alguno se sentía deprimido, y no sabía el por qué, inmediatamente se alegraba al ver al otro. Era una conexión tan fuerte que, aunque se distanciaron por un tiempo, seguían unidos de alguna manera.
Ellen había terminado ya su descanso, y Godsfield la veía a través del humo, las mesas, y los demás trabajadores. En ocasiones se preguntaba si lo que sentía por ella era más que amistad...y si en algún
momento podrían tener algo. Era una idea que lo intrigaba...pero a la vez le fascinaba.
Ella sentía algo parecido, era tanto el cariño que se tenían que sus sentimientos solían confundirse.
Incluso pensaron varias veces, cada uno por su cuenta, en hablar de algo más, pero ninguno se atrevía. Ninguno estaba realmente seguro de que fuera realmente ese tipo de amor.
Godsfield terminó su descanso, y comenzó a esperar ansiosamente el almuerzo. Era viernes, y su turno sólo llegaba hasta esa hora. Ellen también terminaba temprano, pero una hora antes que Godsfield.
Ellen recordaba constantemente sus conversaciones, y se alegraba mucho al verle, se sentía ella misma a su lado, y sabía que podía contar siempre con él.
Él también pensaba en ella, aunque tenía mucho trabajo por hacer, todos lo días existía una razón para recordarla, o veía a alguien parecido, o percibía su aroma, o veía reflejados en sus ojos los de ella.
En ese momento sintió un fuerte impulso de abrazarla, pero sabía que no debía, ya que estaba prohibido entrar a la zona de las mujeres. Luego el impulso desapareció porque tuvo que empezar a mover una vigas.
Ella por su lado, al salir de la fábrica lo vio muy ocupado sujetando una viga y sintió deseos de charlar con él, o simplemente de estar
a su lado. De pronto sintió que él estaba pensando en ella...pero luego se dijo a si misma que era su imaginación, y que esas ilusiones iban y venían.
Godsfield sintió el impulso de darse vuelta. La vio caminar hacia afuera y nuevamente se distrajo. Pensó en muchas cosas bellas al mismo tiempo, y sintió que sonreiría todo el día. Luego intentó volver a concentrarse, pero su rostro en su cabeza le hacían volver a pensar en ella. Incluso un pensamiento le llenó la mente, y no pudo sacárselo de encima. Imaginó que la besaba, por alguna extraña razón, esa imagen llegó a su mente.
Ella quería que pasara rápidamente la hora, deseaba verlo y hablar con él, sentía algo muy fuerte dentro de ella, y no podía explicárselo.
Recordó entonces que había dejado su bolsa en la fábrica, y se devolvió a buscarla. Entró rápidamente y al coger el bolso se oyó un gran estruendo. Parecía venir del otro lado de la fábrica, y mientras salía notó que había mucha gente en la zona de los hombres moviéndose desesperados.
Tuvo un mal presentimiento, y al momento de unirse a las personas cayó al suelo horrorizada. Godsfield yacía bajo una gran viga, todo su cuerpo permanecía bajo el armatoste de metal y permanecía totalmente inmóvil. Tardaron en sacar la viga de encima, y para entonces Godsfield ya casi y no respiraba. Ellen se acercó temblando, con los ojos llorosos. La persona que más quería en el mundo estaba lléndose de su lado, y ella no podía hacer nada. Entonces se acercó y puso sus brazos al rededor de su cuello para sostenerlo, y lo único que pudo escuchar de él fue el último suspiro al sentir el suave aroma que recorría sus venas cuando ella lo abrazó.

1 comentario:
llegué a tu blog por... el libro edad probibida...que coincidencia... a mi me lo recomendó un amigo de la scuola devalparaíso... va en cuarto.. se llama giancarlo venturini
=) saludos.
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